El
documento más conocido acerca de los comienzos del fútbol femenino
datan de 1894 cuando Nettie Honeyball, una activista de los
derechos de la mujer, fundó el primer club deportivo denominado British Ladies Football Club. Honeyball, convencida de su causa declaró que con esto quería demostrar que la mujer
podía lograr emanciparse y tener un lugar importante en la sociedad que por entonces excluía a muchas mujeres.
Al finalizar la Primera Guerra Mundial, la FA no reconoció al fútbol femenino
a pesar del éxito de popularidad que alcanzó. Esto llevó a la formación
de la English Ladies Football Association cuyos inicios fueron
difíciles debido al boicot
de la FA que los llevó incluso a jugar en canchas de Rugby y a otras no
afiliadas a la FA.
Tras
la Copa Mundial de Fútbol de 1966, el interés de las aficionadas creció a
tal punto que la FA decidió reincorporarlas en 1969
tras la creación de la rama femenina de la FA. En 1971, la UEFA encargó a
sus respectivos asociados la gestión y fomento del futbol femenino
hecho que se consolidó en los siguientes años. Así, países
como Italia, Estados Unidos o Japón tienen ligas profesionales
competitivas cuya popularidad no envidia a la alcanzada por sus símiles
masculinos.
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